Una final para la épica
Cayó Francia. Y lo que es peor, cayó Zidane. Una pena, aunque mantengo que merece estar entre los cinco o seis mejores jugadores de la historia, pero sólo el tiempo dirá si la expulsión por agresión en la prórroga de un Mundial empaña su trayectoria. O si su juego sobrevive al paso del tiempo. En cuanto a la victoria de Italia, al menos ayer, fue trabajada con la pasión más que con el balón. Después de una primera parte amenazante, la “azzurra” se parapetó dando por bueno un empate que la llevaba irremediablemente a los “penales”, que diría Maradona. La historia dice que en el “cara o cruz” Italia sale perdiendo. Pero ayer se escribió una nueva página de la historia del fútbol, con un nuevo héroe para Italia, Grosso, que marcó el último gol del Mundial de Alemania 2006 y el primer gol de la prórroga en semifinales: Bravo Grosso!!!. Por lo demás, lo cierto es que el interés del partido estuvo más en la emoción que en los lances del juego. Eso sí, Zidane es capaz de conseguir que un penalti nos ponga el alma en un puño “a lo Panenka” y casi mete un cabezazo en la prórroga que lo podría haber catapultado hasta el cielo. Unos minutos más tarde descendía al infierno con su cabezazo a Materazzi. Su expulsión es justa, y da igual lo que le hubiera dicho el italiano, le pudo la presión y no tiene excusa. Además, creo que la organización no debería haberle dado al premio al mejor jugador del Mundial, por muy brillante que haya sido el resto de su campeonato. Creo que Cannavaro, segundo en la pugna, debía haberse llevado la distinción, no sólo por ser campeón del mundo, sino porque si la agresión la hubiera hecho cualquier otro que no fuera Zidane, todo el mundo hubiera ido a por ese jugador. Además, en favor de Italia, es justo decir que marcó un buen gol, que tiene un combinado compacto y de gran calidad. Y en la muerte súbita, Barthez en ningún momento supo por donde iban los tiros. Claro, que si no es por el larguero de Trezeguet, Buffon tampoco tenía posibilidad alguna de pararlos. Es lo que pasa cuando los penaltis se tiran como se debe. En definitiva, una final épica, en la que los nervios fueron venciendo poco a poco a la calidad de los jugadores y en la que Italia se alza como la más firme perseguidora de Brasil, con cuatro estrellas en su uniforme. Trofeo merecido como premio a su competitividad, a una selección que en esta ocasión se arriesgó a tener más caras que el “catenaccio” y a un equipo unido y que por encima de todo pelea con pasión hasta el final. Y para terminar, diré que el Mundial se acabó ayer y ya añoro los partidos. Ya espero con impaciencia el regreso de una competición de este nivel, en un torneo en el que he disfrutado, he reído, me he emocionado y que creo que ha tenido un gran nivel y calidad, en contra de lo que los “cenizos” del fútbol quieren augurar. El deporte “rey” sigue gozando de una excelente salud, y espero seguir viéndolo por muchos años. Una Berta. PD.: Para la anécdota, España se llevó el premio al “juego limpio”. Decididamente, no pasaremos a la historia por eso….
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