Pasión por el tenis
Nunca se me había ocurrido hasta ahora escribir sobre tenis, uno de mis deportes favoritos de toda la vida. De cuando era pequeña tengo marcados en la retina dos momentos que han pasado a la historia de este deporte en España. El primero, un partido a muerte y a tres sets entre Arantxa Sánchez Vicario y Steffi Graf en la final de Roland Garros de 1989. Toda la tarde pegada al televisor porque parecía imposible que una españolita de 17 años derrotara a la por entonces imbatible y cuasi perfecta alemana. El segundo, la también interminable final entre Sergi Bruguera y Jim Courier en el mismo escenario, cuatro años más tarde. Por culpa de ese partido y por culpa de animar a uno de mis primeros héroes de la raqueta dejé plantado a un amigo que me perdonó, porque también había estado toda la tarde “viendo el tenis”, como decíamos. Dos momentos que acabaron por convertirme en incondicional de este deporte. Ya más mayorcita, la primera Davis para España, en el 2000 y contra Australia, que nos había impedido alzar la ensaladera en 1967, fue algo inolvidable. Y la segunda –cuatro años más tarde, parece que lo nuestro es ir de cuatro en cuatro– ganada contra EEUU y cuya última jornada yo viví a través de la Cadena Ser y perdiendo la conexión cada dos por tres porque viajaba en autobús de A Coruña a Salamanca me supo a gloria. Esta última Davis fue épica, porque en ella explotó el que puede llegar a ser el mejor tenista español de todos los tiempos, con permiso de Manolo Santana. Claro que este “crío” en la era “open” no tiene rival. Y este chaval de 20 años es Rafa Nadal. Cuando estoy viendo un partido del manacorí casi hay que mirarme a mi, en vez de a la pantalla, porque no soy capaz de estarme quieta intentando animarlo. Además de espíritu y tenacidad, principales virtudes de Arantxa; además de un juego impecable en tierra batida, principal virtud de Bruguera, y que le ha valido tener el récord de partidos ganados en esta superficie; además de un hambre de triunfos que sólo tienen unos cuantos elegidos, sello marca de la casa; va y resulta que Nadal sabe jugar en superficie rápida, en hierba, en tierra batida y en lo que le echen. Este año sus duelos con el número uno del mundo y jugador más elegante (además de ser el mejor) del circuito, Roger Federer, marcaron los enfrentamientos del cuadro masculino. Yo pude ver la final de casi cinco horas en Roma, que ganó Rafa después de levantar puntos de partido; la de Roland Garros, que el mallorquín ganó después de haber recibido un 6-0 en el primer set; y la de Wimbledon, donde Federer fue inalcanzable porque en hierba un pequeño error te condena, pero en la que Nadal no estuvo tan lejos. Ahora, que se está terminando el año, en la pista dura de USA no ha respondido al mismo nivel, pero estará en el Masters de Shangai, el torneo en el que se decide el maestro de maestros y que había ganado hace tiempo Álex Corretja, que ahora comenta las gestas de su pupilo en TVE. A lo mejor no llega tan lejos, pero si está en mi mano no me perderé ninguno de sus enfrentamientos. Una Berta.